
En la época griega, la profesión alcanzó un gran prestigio. De hecho, la madre de Sócrates, Phainareté, ejercía este trabajo. Se dividían en dos categorías: las de mayor cualificación, que atendían los partos con dificultades, y las de menor habilidad, que sólo se ocupaban de los normales.
Sin embargo, algunos historiadores diferencian a las matronas del oeste del Mediterráneo con las del este. Explican que las primeras eran hijas de esclavos y que sólo podían alcanzar su libertad ejerciendo la práctica médica. Las del este, en cambio, gozaban de un gran prestigio e incluso publicaban escritos médicos.
En la Edad Media la asistencia a las clases sociales altas difiere totalmente de los cuidados a las mujeres con bajos ingresos económicos. Respecto a las familias ricas, la iconografía medieval muestra a mujeres con vestido de caras telas atendiendo en lujosas habitaciones. En cambio, cuando se trataba de gente de pocos recursos de pequeños núcleos urbanos, la comadrona era una anciana que iba de casa en casa ofreciendo una amplia gama de servicios: desde el alivio de dolencias a través de hierbas medicinales hasta la atención al parto.
En esta época llegaron a existir normas para evitar que las mujeres judías o musulmanas atendiesen al parto de familias cristianas. Por ejemplo, las Cortes de Valladolid en 1258 sacaron una ley en referencia a esta prohibición.



