
En la época que estamos viviendo, el avance tecnológico ha rebasado los límites de nuestra imaginación.
El manejo del parto no ha quedado fuera de este avance tecnológico, esto ha permitido salvar vidas tanto de las mujeres embarazadas como de los recién nacidos.
Sin embargo el ser poseedores de una técnica tan avanzada ha hecho que un proceso natural se vuelva para algunas instituciones, médicos, mujeres embarazadas y sus familias; una verdadera enfermedad que requiere de toda esa tecnología para poder llegar a un fin exitoso.
El uso excesivo de tecnología en el parto ha llevado a aumentar el porcentaje de cesáreas.
Con el paso del tiempo aumentaron mucho las cesáreas, pero no por esto mejoró la salud de las mamás y de los bebés. Se ha demostrado que la utilización de rutina del monitoreo fetal no aporta ninguna mejoría en la salud del bebé, en la muerte perinatal o en la morbilidad severa neonatal. Si bien hay un porcentaje de mujeres (no mayor que el 15 %) que requiere una cesárea, el 80% restante está en posibilidades de vivir un parto natural, que además evolucionara sin la necesidad de tanta tecnología.
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